Mientras Jorge Rodríguez se montaba en una tarima para pedirle a los venezolanos “superar y perdonar”, la señora Carmen Navas, de 82 años, llevaba más de un año tocando la puerta en cárceles, tribunales, instituciones públicas, Fiscalía, Defensoría del Pueblo e incluso la Asamblea Nacional —presidida por el mismo Rodríguez— en busca de su hijo, la víctima de desaparición forzada Víctor Hugo Quero Navas, sin saber que ya estaba muerto.