Para un venezolano en el extranjero, la comida de su país tiene un valor incalculable; y para el que le vende esa comida, el valor es incalculable + IVA + propina. Por lo mismo, el joven caraqueño Fernando Aguirre —residente en Chueca, Madrid— se cuestiona si gastar su dinero en una cachapa de 2400 euros o pagar su alquiler de dos meses.