El mánager de la selección venezolana, Omar López, desistió de su estrategia de poner a pitchear a Adalberto Peñaranda, optando por una estrategia más tradicional ante Japón: la intimidación. Para ello, equipo a todos los jugadores con sushi de tajadas, pabellón y hasta ramen de mondongo, con el objetivo de infligir miedo y temor en la selección nipona.