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Señor racista disfruta programa de radio ignorando que locutor es negro

El día de hoy el señor Alberto Márquez, reconocido racista y xenófobo de la capital, pasó 3 horas disfrutando en la radio de su programa favorito, ignorando por completo que su conductor es, de hecho, un negro.

Luego que les recomendara -con insistencia- a sus familiares y amigos el programa “Las mañanas tienen ahora su cafecito negro”, que se transmite en el circuito Onda a nivel nacional, éstos no tuvieron corazón para decirle la verdad al señor Márquez. “Míralo, ¿no es irónico que después de pasar toda la vida despotricando de los negros, mi papá no se pierda ni un solo minuto de ese programa? Me da cosita, hasta llama por teléfono y todo, ya tuitea al locutor, le pide canciones y le da los buenos días. Si supiera yo creo que le da una vaina. ” afirmó Juliana, su hija menor, mientras su padre le pedía que se fuera a hablar al balcón, porque no le dejaban oír su programa.

Luego de maquillar con una base bien clarita y de aclararle con agua oxigenada su pelaje a nuestro pasante subpagado, lo enviamos a hablar con el señor Márquez, para decirle la verdad y ver qué opinaba al respecto. “¿Negro? ¿En serio? ¡Tú me tienes que estar jodiendo! Me parece increíble, de verdad yo disfrutaba tanto el programa, pero hasta hoy, no más. Te lo juro. Todas las mañanas lo escuchaba en el carro y el tipo era un locutor súper informado, siempre con opiniones muy objetivas, pero bueno, nada puede ser perfecto. Tremendo actor resultó ser. Si esto es así, hago un llamado a las emisoras para que dejen claro cuando uno está escuchando a un negro o a un extranjero, deberían respetar el racismo y los prejuicios de sus oyentes. Así como avisan que un programa tiene elementos de lenguaje o de sexo que pueden ofender, deberían advertirle a uno eso” dijo Alberto, mientras afirmaba que sí, que para él, una mujer que maneje moto es lesbiana y que eso debería estar prohibido también. “A mí lo que me da más rabia es que a uno lo agarren en su inocencia con esa clase de cosas. Como la vez en la Universidad que me pusieron a leer un libro de Oscar Wilde y me lo disfruté mucho; resulta que el tipo era tremendo mariposón. Un engaño, pana, eso no se le hace a nadie. ¡Que Dios nos agarre confesados!”

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