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Invaden terreno baldío de Paseo Tablado durante juego de monopolio

El anuncio presidencial del día de ayer, en el que se pedía a los ciudadanos que no tienen vivienda que buscaran terrenos disponibles en zonas urbanas, arruinó la tradicional noche de juegos de la familia Zamora. Fer, niño de 11 años, movió su ficha hasta el Paseo Tablado y pretendió arrebatarle la tarjetica al banco.

“¡Este carajito si es arrecho, te va a morder un peluche! ¡Apenas tienes la Avenida Mediterránea y ya quieres meterte en las azules!” dijo la tía Magda, quien fungía como banco. Fer replicó mostrando una tarjetica de Casualidad, que había sido evidentemente sobreescrita por él, que decía “Si no tiene propiedades, avance su ficha hasta el Paseo Tablado, y si no tiene dueño, rescátelo. La ley lo ampara”.

De inmediato comenzaron los problemas. Sebastián, propietario de Plaza del Parque, la otra propiedad azul, protestó enérgicamente: “No joda, yo tengo media hora tratando de caer en esa mierda y siempre caigo en la casillita del impuesto, esta vaina no es justa” y amenazó con dejar el juego por la mitad e irse al cine con su novia. El señor Rogelio, padre de la familia, lo regañó, diciendo que nadie se iba del juego por la mitad, porque “si todos se van, le dejamos esta vaina a los sinvergüenzas, vagabundos como este carricito”. Fer, por su parte, indicó que podían armar el peo que quisieran, pero que él no se movería del Paseo Tablado. “Yo no soy un invasor, yo soy un poblador. Esta vaina estaba vacía hace rato: todo el mundo pasaba por aquí cerca y esto es un terreno ocioso. Es más, Tía Magda: ¿Cuánto me sale montar 40.000 casas aquí?” afirmó Fer mientras le daba un codazo a una lata de Naranja Hit que, afortunadamente, estaba casi toda vacía.

Hubo minutos de tensión, ya que el anuncio de la tía Magda, que informó que solo quedaban 6 casitas y 4 hoteles en el banco, enervó a Fer. “Coño de tu madre, tía, y después dicen que estamos en crisis. ¡Pero claro, el pobre Fer que se joda! Ustedes están todos forrados, todos con 4 casitas, con hoteles, y yo todo jodido. Por ejemplo tu, tía, tienes 4 casas en las anaranjadas y todavía tienes hoteles en las amarillas. Cada vez que te caigo en la amarilla termino hipotecando algo. ¡Coño de tu madre!”.

Tanto el señor Rogelio como su esposa, Clarita, estuvieron de acuerdo en que Fer se había propasado y que debía pasar varios turnos en la cárcel, por grosero. Fer se negó, y la tía Magda sollozó en silencio, lamentando, muy en el fondo de su corazón, haberse quedado solterona “y de ñapa, en esta maldita familia”.

Luego todo empeoró cuando Ana María descubrió que a su ficha, el perrito, le había caído naranjita, y que así no podría seguir jugando, ya que estaba toda empegostada. Preguntó si la podría cambiar por el sombrerito, pero Fer la tenía metida en la boca. El llanto de Ana María y un descuido de la tía Magda, que buscaba un Astor Azul en el fondo de su cartera, fue aprovechado por Fer para robarse un billete de 500 y el título de propiedad de 2 ferrocarriles.

Al final el señor Rogelio preguntó si no tenían ganas más bien como de jugar un Scrabble, pero todos protestaron porque Fer, la vez anterior que jugaron, quiso hacer valer como buena la palabra “ADQUERIR”, lo que generó fuertes reclamos. Sebastián se fue al cine con su novia, la tía Magda se sirvió un trago de ron, Clarita se fue a fregar los platos y Fer estuvo media hora cantando “lero lero, les gané al Monopolio”, lo que hizo que todos lo odiaran un poquito más.

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