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Levantador de pesas triste porque lanzadora de martillo le dijo que no era de su tipo

Una vez pasada la euforia de las competencias, en la Villa Olímpica se respira un ambiente de fiesta, perdición y sexo. El recinto adonde duermen los atletas se convierte en el escenario donde muchos se dedican a “dormir” alegremente con sus colegas.

Sin embargo, no todo fue color de rosas para Ilian Gregorescu, levantador de pesas rumano, quien luego de ser eliminado en la primera ronda decidió que iba a llevarse algún recuerdo de Londres. Sin embargo, luego de ser rechazado por luchadoras, boxeadoras e incluso una de la yeguas de equitación, Gregorescu se jugó su última carta echándole los perros a María Fajardo, lanzadora de martillo de la República Dominicana. Lo que no sabía el pobre Gregorescu es que saldría de la habitación de Fajardo con las tablas en la cabeza, ya que, según María, “ese gordo de mierda no es mi tipo”. Según palabras de la propia atleta dominicana, “este guevón llegó, apenas dijo ‘Hola’ y empezó a frotar su cuerpo contra el mío, como un perro en celo. Yo le dije que frenara, que tomara las cosas con calma, que antes de eso me gustaría conocerlo un poco, porque una es una romántica incorregible, pues, que sueña con su cena con velitas, violines, que te abran la puerta del carro, que te pidan la mano y esas cosas, pero después de 8 horas hablando con el tipo lo corté. No sé, como que no era mi tipo” afirmó Fajardo, mientras le robaba a coñazos la cena al equipo 4×400 de un país africano.

Quisimos hablar con Gregorescu, pero compañeros de su equipo nos dijeron que luego del rechazo de Fajardo, se acostó en el balcón sobre una colchoneta y no se ha movido en los últimos 6 días, ni para comer, tomar agua o ir al baño. Una gimnasta compañera de equipo lo defendió, diciendo que la persona que le rompió el corazón a su gordo era sencillamente una perra. “¿Cómo me le van a hacer eso a mi pobre Ilian, vale, con esa ilusión que vino mi gordo a estos juegos, ah? Ilian sabía que no tenía vida levantando pesas, pero lo que lo animó a entrenar siempre fue la esperanza que tenía de agarrarse a alguien de su ring. Ahora ahí está, echado a morir, al abandono. ¿Qué le costaba a esa maldita darle gusto a mi gordo, ah?” manifestó la gimnasta rumana, antes de irse a revolcar con un equipo de fútbol completo.

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