“No me devuelvo hasta que el país se arregle”, afirma chamo que vive en Perú
Al igual que cientos de miles de venezolanos repartidos por el mundo, el joven Abelardo Jesús Oropeza espera con cautela que baje el precio de la carne, se acabe el matraqueo en las alcabalas y la televisión pública deje de grabar con Vergatarios antes de devolverse a Venezuela, puesto que se encuentra cómodo y feliz en su apartamento de 2 metros cuadrados en Lima, Perú, donde vive junto a 27 primos.
Enviamos a nuestro pasante subpagado hasta Perú disfrazado como llama para que lo dejaran ingresar al país sin tramitar 783 visas, una vez allí tomó las declaraciones de Oropeza: “Chamo, hablando claro yo sí tengo ganas de devolverme pero es tú sabes como dicen, Perú es Perú y lo demás es civilización. Hay que esperar a ver si la cosa mejora por allá porque escuché que Bumble no sirve y así no se puede, ¿estás claro? Además un pana mío me dijo que los pacos andan en una revisadera del teléfono, pendientes de ver las fotos mías llorando por mi ex será, ¡eso es tortura y humillación psicológica pa’ que sepas! De paso creo que todavía no se arregla el peo de la luz ¿no?, en cambio aquí en el cerro tenemos electricidad 100% asegurada robada de un poste. Honestamente, así hablando claro, aquí estoy es relajado, tengo a los primos míos que dormimos todos juntos en un colchón individual, tengo mi motico de medio cilindro y una jevita que compré en una plaza a cambio de tres tomates”, concluyó Oropeza, mientras utilizaba a nuestro pasante subpagado para tapar un hueco en el techo de zinc.