Al igual que cientos de miles de venezolanos repartidos por el mundo, el joven Abelardo Jesús Oropeza espera con cautela que baje el precio de la carne, se acabe el matraqueo en las alcabalas y la televisión pública deje de grabar con Vergatarios antes de devolverse a Venezuela, puesto que se encuentra cómodo y feliz en su apartamento de 2 metros cuadrados en Lima, Perú, donde vive junto a 27 primos.