¿Cómo superar y perdonar esto?
Mientras Jorge Rodríguez se montaba en una tarima para pedirle a los venezolanos “superar y perdonar”, la señora Carmen Navas, de 82 años, llevaba más de un año tocando la puerta en cárceles, tribunales, instituciones públicas, Fiscalía, Defensoría del Pueblo e incluso la Asamblea Nacional —presidida por el mismo Rodríguez— en busca de su hijo, la víctima de desaparición forzada Víctor Hugo Quero Navas, sin saber que ya estaba muerto.
Como si su encarcelamiento injustificado —y posterior fallecimiento, bajo custodia del Estado— no fuera suficiente crueldad, la misma Defensoría del Pueblo firmó el acta de comparecencia con la que daba constancia a la señora Navas que su hijo se encontraba recluido en El Rodeo I, cuando en realidad ya tenía meses muerto. Posteriormente, jugando con su esperanza —y quebrantándola, al mismo tiempo—, el Tribunal Segundo de Control rechazó la solicitud de amnistía solicitada a favor de Quero Navas; todo esto mientras, de nuevo, ya había fallecido.
¿Se le puede pedir a la señora Carmen Navas que simplemente “supere” lo que le hicieron injustificadamente a su hijo? ¿Se le puede pedir lo mismo a los miles de venezolanos que han sufrido historias similares durante estos últimos 26 años? ¿Con qué cara se le pide “perdonar” a ese montón de familias rotas, hijos encarcelados, padres desaparecidos y madres separadas de sus seres queridos? ¿Cómo pasar la página cuando todavía hoy en día hay personas totalmente abandonadas frente a un sistema judicial que ejerce de todo menos la justicia, donde los crímenes ya están condenados y las sentencias escritas desde el momento en el que algún funcionario así lo decidió? ¿Es posible pedirle a los venezolanos “superar” una historia tan dolorosa cuando todos se pueden identificar con ella?
No hace falta usar la imaginación cuando todos tenemos un familiar, amigo, vecino o conocido que ha sufrido en menor o mayor medida los abusos de poder por parte del chavismo. Todos sabemos de esa persona cuyos derechos han sido atropellados, ciudadanos que han sido heridos —o asesinados— sólo por ejercer su derecho a protestar; que han recibido amenazas sólo por ejercer el derecho a la libertad de expresión, que se han tenido que ir del país debido a presiones políticas o a la fuerte crisis económica que el gobierno diseñó a propósito como una herramienta de control, para que las personas sólo pudieran enfocarse en sobrevivir.
De una forma u otra, todos hemos sido víctimas del chavismo y, aún así, tienen el descaro de intentar convencernos de que los últimos 26 años fueron apenas un error, que quienes actualmente ocupan los cargos de poder no son responsables de todos los crímenes de lesa humanidad que hemos sufrido, y que los más de 30 millones de venezolanos dentro y fuera del país deberíamos simplemente “superarlo”, tal cual como un capricho. ¿Pero qué más se puede esperar de ellos? Si a Victor Hugo Quero Navas también lo asesinaron injustificadamente, por un capricho del Estado.