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Garcés no logra recordar si dejó la lavadora prendida

Mientras el Vicepresidente ejecutivo de la República, Elías Jaua, se dirigía a la Nación para desmentir los rumores sobre una posible baja en las defensas del Presidente, el Ministro Francisco Garcés olvidó si había apagado la lavadora. Sip, ese es la premisa de esta noticia, no esperen algo más inteligente.

Contactamos al Dr. Erwe Von Esse, director de Chigüianálisis y experto en lectura de lenguaje corporal, que logró traducir lo que pasaba por la mente del atribulado ministro. “La circunvolución retrógrada de este bucle sobre la frente nos dice, claramente, que se trata de una persona con una angustia existencial tremenda. La manera casi prusiana de abotonarse la guayabera, algo atípico en la cuenca caribeña, subraya sus dilemas. Si me permiten el cliché, su cara es un verdadero poema. El rictus en su comisura labial, las manos agarradas detrás del cuerpo, todo nos indica su preocupación” nos confirmó el experto, mientras se nos quedaba viendo fijamente.

Al terminar la cadena, pudimos hablar con el Ministro Gacés, quien nos confirmó que su angustia era de índole doméstica. “Pana, yo sé que Jaua estaba diciendo algo importante, pero en mi cabeza lo único que sonaba era esa vocecita que decía ‘Francisco, ¿dejaste la lavadora prendida? ¿Sí? ¿No? Pero qué vaina, no estoy seguro, y además justo aquí, en cadena nacional, luego se me incendia la casa y que peo… cónchale, es que puse a lavar las medias y esa lavadora tiene ese tema de que las medias a veces se quedan atascadas en la vaina esa de las pelusas, empieza con esa tembladera y si nadie la apaga, bueno, no creo que pase nada grave, esa lavadora no es tan vieja, ¿verdad? ¿Dónde fue que la compré? ¿O la agarré de uno de esos operativos de barrio? No vale, tú si eres loco, Francisco, qué vas a estar tú agarrando una lavadora pichachera de esas, jaja. Cónchole, ¿la habré apagado? A ver, vamos a rehacer los pasos: Jaua me repicó para que bajara, entonces agarré el celular, puse la taza de café en el fregadero y salí… ¡Coño, no apagué la vaina! ¡Qué cagada, que problema pana! Y este Jaua si es pendejo, extendiéndose, dándole labia, como si alguien le creyera… ¿Qué le costaba decir que el presidente no está enfermo y ya? Es más, di que ya se curó, total, la gente ni se cree esta vaina, y los que se la creen se comerán lo que sea. ¡Qué necesidad de este peo!”

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