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La Guerra Económica: Partes desde el frente

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Les habla Fernando Cala del Amanpour, corresponsal de guerra de El Chigüire Bipolar. Esta es una nueva entrega de “La Guerra Económica: Partes desde el frente”.

Hoy nos encontramos atrincherados detrás de las ruinas de un carro, estacionado en la acera de enfrente de un supermercado Unicasa en Caracas. Ya revisé a ver si le quedaba una batería al carro, pero nada. En verdad no vine a eso. Desde tempranas horas del día, hemos escuchado que allá adentro, en los pocos pasillos donde quedan alimentos, ha habido un fuerte fuego cruzado de etiqueticas del PVJusto. Un fiscal del SUNDEE, de las fuerzas leales al Gobierno, entró hace un rato tratando de ganar esta plaza, pero la fuerte ofensiva que se presentaba en el lugar lo obligó a replegarse, ante la mirada estupefacta de las personas que hacían la cola ahí, bajo una pepa de sol. Seguiremos informando.

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Mientras nos retirábamos al hotel donde los corresponsales de guerra pernoctan, fuimos testigos de primera mano de una escaramuza, cuando efectivos leales al Gobierno descubrieron que un camión de frutas tenía a la venta huevos, “para clientes especiales, familiares y conocidos del partido”. Luego de bombardear al camión con chapas, carnets e identificaciones, el pelotón de fuerzas del Gobierno logró decomisar el cargamento completo de huevos, el cual prometió repartir a “sus clientes especiales, familiares y conocidos del partido”. Entre los daños colaterales de esta sangrienta ofensiva se cuentan dos aguacates que se cayeron al suelo y se magullaron, y un guacal de mandarinas que rodó por el suelo, ante la mirada incrédula de las personas que hacían la cola ahí, bajo un afiche que decía “Chávez es el pueblo”. Seguiremos informando.

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Seamos honestos: el trabajo de quienes cubrimos una guerra desde el frente de batalla es algo duro. Quien esto escribe ha cubierto las incidencias de la guerra de Irak, Bosnia, Afganistán y Kosovo; pero sin embargo, nunca había visto algo tan inhumano, salvaje y despiadado como lo que vi hoy. Violando la convención de Ginebra, violando todos los principios de la más mínima humanidad, los bandos en conflicto vivieron hoy una de las batallas más fuertes en lo que va hasta ahora de Guerra Económica, cuando dispusieron que un camión con pollo se volcara en las cercanías de Nirgua. Vi colegas caer a mi lado. Vi personas saltar encima de otras, de clavarse mordiscos, puñaladas, para alcanzar una bolsa con un pollo congelado. Hoy vi la cara más cruda de la desesperación, de esta guerra fraticida. Tuvimos que correr hasta una trinchera y rezar porque aquello pasara pronto, ante la mirada incrédula de las personas que hacían la cola ahí, comiéndose un raspado de colita y diciendo “¿qué coño le pasa a este carajo?”. Seguiremos informando.

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Hoy las fuerzas leales al Gobierno decretaron un alto al fuego unilateral, de 24 horas, porque aparentemente había llegado el papel tualé al supermercado. Por supuesto, esta tregua no implicó que ellos bajaran la guardia, porque saben que al frente tienen a un enemigo implacable; así que acudieron a hacer la cola con sus fusiles hechos de palos de escoba y usando ollas como cascos. Todo esto ante la mirada incrédula de las personas que hacían la cola ahí, quienes se preguntaban cómo coño era posible que ellos pagaran con sus impuestos los sueldos de esa gente tan gafa. Seguiremos informando.

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Un batallón de las fuerzas conspirativas apátridas avanzó por la avenida Rómulo Gallegos, del este de Caracas, y lograron establecer una cabeza de playa en un Central Madeirense. Una vez ahí, hicieron desaparecer las toneladas y toneladas de productos que el Gobierno había importado. Todo esto ocurrió en la mañana de hoy, sin que los Guardias Nacionales que custodiaban el recinto se dieran cuenta. No pidieorn cédula. Al ser interrogado sobre cómo esto pudo hacerse a plena luz del día, sin que nadie se diera cuenta, un vocero del Gobierno aseguró que esto “segurito” se debe a la X-76, una nueva tecnología hiper-secreta que desarrolló la CIA, que logra invisibilizar a las tropas del enemigo, ante la mirada incrédula de las personas que hacían la cola ahí, perdiendo horas y horas que podrían dedicarle a cosas más útiles como, no sé, trabajar, por ejemplo. Este fue el reporte de Fernando Cala del Amanpour.

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