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Finalmente podemos usar el especial que teníamos preparado para la muerte de Fidel

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Hoy, (poner fecha aquí) de (¿1997? ¿1998? Ya no creo que dure tanto) (Ok, vamos por 2006 y nada), falleció Fidel Castro, presidente de Cuba, a sus X años (¿175? Habría que confirmar esta información. Ese viejo no creo que dure más que José Vicente Rangel). Castro fue un personaje polarizante de la historia latinoamericana. Irrumpió en la política interna de varios países con éxito, como en Nicaragua, pero fracasó en otros como Venezuela (Revisar video de Chávez en la Universidad de la Habana, pero no creo que eso nos afecte mucho por acá, Venezuela no es Cuba). Pero estos son tiempos modernos, tiempos donde 60 minutos de música caben en un solo disco, donde un teléfono celular pesa solo un kilo y medio, en el que podemos chismear de nuestros amigos con MySpace y donde Bienvenidos tiene episodios en 3D. Sin duda es un mundo diferente al de los años 60 cuando Castro llegó al poder. Por eso hay que tener una visión amplia y madura sobre las cosas malas y cosas buenas (Buscar cosas buenas que hizo Fidel. No conseguí mucho) que deja el legado de Fidel Castro. Desde la redacción de El Diario de Caracas (aunque mejor dejar este espacio en blanco, no vaya a ser que este diario quiebre, y esta nota termine publicada en algún diario satírico futuro, de esos a los que le ponen nombres de animales, que si Morrocoy o Cachicamo o Chigüire) enviamos nuestras condolencias al pueblo cubano, como también al PCV y al MBR-200 (¿ya se registraron como partido?) y a todos esos artistas e intelectuales venezolanos que se babean por Fidel (sí, todos ustedes saben quienes son). Aunque honestamente, nuestro corazón y nuestro hígado también está con las personas de la Calle 8 en Miami, que deben estar entrando en coma etílico justo ahora.

1997 (o 1998, depende de cuánto dure, no creo que sea más de eso) ha sido un año difícil que cierra con esta noticia, lamentable para algunos y para otros no tanto, esperando que para Cuba y para Venezuela se abran las puertas de ese futuro tan esquivo, en el que iremos al trabajo con teletransportación, nuestra comida nos llegará en pastillas deshidratadas (y nunca nunca en bolsas racionadas por gobierno alguno) y nuestros presidentes no pretenderán eternizarse en el poder.

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