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Pareja celebra su unión con fiesta estresante que todos menos ellos disfrutan

El peor día en la vida de Erika Vidal y Víctor Sánchez finalmente llegó. Después de meses de estrés, peleas y sobre planificación innecesaria, hace pocas horas unieron sus vidas en una boda religiosa que luego fue acompañada por una fabulosa fiesta que solo disfrutaron los malditos invitados.

Los preparativos de la boda llevaban unos diez meses en marcha, convirtiéndose así en el primer obstáculo a superar en la vida del joven matrimonio. La novia, explicó que en la mañana del evento se vaticinaba un día tranquilo, “el maquillador llegó a tiempo a mi casa, el fotógrafo tomó una fotos bien originales viendo a un espejo, ahí tuve el primer impase con el vestido y con la metida de mi mamá, pero bueno, la cosa iba fluyendo, tenía mis nervios, pero no estaba estresada”.

En paralelo, el novio Víctor Sánchez reveló su lado de la historia: “en la tarde no teníamos idea de lo que se nos venía encima. Fuimos demasiado conejos, pensábamos que de verdad íbamos a pasarla bien. Pero qué va, mi pana, en esa fiesta no tuvimos ni un segundo para disfrutar un coño. Yo creía que esto era un día para uno, pero es todo lo contrario mi hermano”.

Cumplida la ceremonia eclesiástica, la joven pareja llegó a un conocido salón de fiestas de la capital. En ese momento hizo hincapié el estrés de las fotos familiares. “Yo no sabía que tenía tantos tíos y primos, de verdad. Estuvimos como dos horas posando en el set pavoso con fondo de bambú. Que si una con los abuelos, una con los parientes del interior, con los hijos bastardos del abuelo. Y cuando por fin terminamos, le tocaba a la familia de él. ¿Sabes qué es una familia de seis tíos y cuatro hermanos? ¡Y YO EN TACONES!”, expresó Vidal.

Pero las fotos no acabaron con el set, con hambre y sin haber tomado ni una copita de champaña los novios pasaron por cada mesa a tomarse la foto respectiva. “Había gente que ni conocíamos, ¿cómo coño uno invita a un desconocido a la fiesta de uno? Yo no habré colaborado mucho, pero estoy seguro que el ex novio de Érika no estaba en esa lista, ¡me corto una bola!”, aseveró Sánchez.

Los novios se vieron obligados a saltar durante toda la hora loca en el medio del grupo, fueron forzados a escuchar brindis interminables de tíos ebrios, a pararse de su mesa para resolver los platos a los invitados en el momento del buffet y a escuchar con educación los consejos de familiares y amigos divorciados.

“Al final cuando llegamos a nuestra habitación en el hotel estábamos tan cansados que no pudimos hacer un coño. Yo caí en el sofá y Érika se quedó dormida con el vestido puesto”, concluyó Sánchez mientras juntaba los cheques que le obsequiaron los invitados para terminar de pagar por la fiesta.

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