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Este no es un artículo sobre la marcha (Revisado por Conatel)

Turpial

Esta es la historia de un país hermoso donde todos sus habitantes vivían en paz, rebosantes de felicidad. ¡Pero cuidado, querido lector! Esta fértil y prodigiosa tierra no es una ficción de cuentos de hadas, no; es real, existe y se llama Venezuela. Un pujante país surcado por arroyos cristalinos, adonde ninguna nube se atreve a tapar el radiante brillo del sol y un arcoíris llena de esperanza —todos los días— los ojos de sus ciudadanos. Una tierra bendita que colma de solaz a sus hijos.

Lo mejor que tenía ese país eran sus gobernantes. Venezuela era dirigido por un grupo de hombres buenos (buenos no; bondadosos. Esa es la palabra). Sus decisiones destilaban ética, sabiduría, justicia y prudencia; por esta razón, sus habitantes un día como hoy decidieron salir a las calles para manifestar el beneplácito que embarga a sus corazones. Así, de repente, un grito espontáneo de alegría se sintió en las calles de sus ciudades: tanta alegría acumulada logró que sus habitantes sintieran la irrefrenable necesidad de reunirse en calles, plazas y avenidas a aplaudir y a cantar loas a su magnánima clase dirigente. ¡Cuánta dicha! ¡Cuánta felicidad! Nada podía enturbiar la alegría que tenían ese día. Bueno, sí: saber que ellos tenían la fortuna de vivir en ese paraíso mientras todos sus vecinos pasaban penurias.

Y bueno, así fue. Una suave brisa refrescó las caras de este pueblo feliz, que bajo los dulces trinos de los pajaritos se preguntaban qué habían hecho para ser merecedores de tanta bonanza y tanta felicidad.

Esta noticia fue revisada por Conatel para evitar cualquier violación a las leyes venezolanas.

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