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OEA acuerda por unanimidad pedir comida china

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La Organización de Estados Americanos (OEA) acordó, por unanimidad, ordenar comida china para cenar durante sus infructuosas discusiones. La importante decisión, vital para el funcionamiento de las democracias americanas, ha sido el único resultado arrojado por dos días de intensas reuniones extraordinarias, llevada a cabo en días pasados en la sede del organismo en Washington.

La petición de ordenar arroz frito especial, hecha por el embajador de México, fue recibida con beneplácito y evidentes señales de aprobación por parte de los presentes. No se logró, sin embargo, el mismo entusiasmo sobre el segundo plato: la inmensa mayoría de los representantes de América Latina se inclinaba por ordenar costillitas, mientras que los emisarios de Centroamérica, Norteamérica y el Caribe defendieron férreamente la posibilidad de ordenar pollo agridulce. Fueron necesarias 4 rondas de votaciones para poder zanjar el polémico debate, que se extendió por 6 horas, incluyendo un descanso: al final, se aprobó por mayoría ordenar el pollo agridulce, lo que ocasionó el voto salvado de algunos representantes de América del Sur. Cuando ya se pensaba que la armonía se había establecido en la sala de reuniones, el enviado de Colombia hizo uso de su derecho de palabra para asomar la opción de ordenar lo mein en lugar de lumpias, lo que reavivó los gritos, insultos y lanzamientos de sillas entre los colegas. En un intento desesperado de llevar las cosas a su habitual estado de inutilidad, el secretario de la Organización tomó una decisión salomónica: pedir lumpias y lo mein.

Al momento de sentarse a la mesa, todos los embajadores disfrutaron de su cena en relativa paz. El único conato de discusión ocurrió cuando el representante de Brasil, después de comerse la lumpia con las manos, se percató que no habían metido servilletas; sin embargo, la cordialidad volvió a reinar cuando su colega de Argentina sugirió a todos utilizar la Carta Interamericana para limpiarse los dedos. Al final, luego de pasarle la cuenta al embajador de Venezuela, todos se retiraron felices, buscando un bar adonde poder seguir discutiendo cosas trascendentales para la región, como la quiniela de la OEA para el Mundial de Fútbol.

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