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Señor opositor teme firmar y que el Gobierno le quite el bolígrafo

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Con respecto a la recolección de firmas que se hace para revocar a Maduro, hay una cosa que llena de miedo al señor Julio César Suárez: que el Gobierno le quite su bolígrafo, la única posesión terrenal que le queda.

Luego de firmar y subir a sus redes sociales una foto con los hashtags #YoFirmoYRevoco, #LilianCubremeConTuManto y #NoSeComanLaPastaQueDejeEnLaNevera, nuestro pasante subpagado conversó con el señor Suárez para saber las razones de su miedo: “¿Te digo la verdad? ¡Miedo! Yo no sé de que sea capaz esa gente. Que te lo digo yo, que hace ocho años Chávez me expropió mi empresa; también me quitaron una finca que mi familia tenía desde hace como 100 años. Me invadieron una casita que teníamos en Boca de Uchire. Me han secuestrado par de veces, ya perdí la cuenta de las veces que me han robado, no recuerdo la última vez que comí tres veces en un día y la única luz que veo es la del sol, porque con ocho horas al día de racionamiento al día, tú me dirás. Se me ha quemado tres veces la nevera, mis hijos se fueron del país, ya no puedo comprar pasajes ni para Margarita, tengo meses que no consigo la medicina para la tensión, y el carro que uso para matar tigres ruleteando está parado porque no se consiguen repuestos. ¡No joda, hasta me quitaron RCTV, que era lo único que veía en la tele! Todo eso sin firmar. ¿Tú te imaginas si se enteran que firmé? Son capaces de quitarme este bolígrafo, lo único que me queda en esta vida. Lo único de verdad verdad, porque esta ropa que cargo puesta se la arrebaté a un indigente” afirmó, al borde del colapso nervioso, el señor Suárez.

NOTA DE LA REDACCIÓN: Para finalizar esta noticia con un punto alto, debemos destacar la labor cívica de nuestro pasante subpagado, quien logró convencer al señor Suárez de firmar demostrándole que era imposible que le quitaran algo más; sólo bastó que le dijera todas las cosas que nosotros le hemos quitado a él para que el indeciso señor se atreviera a estampar su firma. ¡Buen trabajo, pasante! ¡Debes tener ese pecho lleno de orgullo! Ojalá esa satisfacción del deber cumplido sea duradera, para que no te sientas como una mierda cuando te enteres de que nos comimos tu pasta.

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