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Luego de escuchar “Ai se eu te pego” 1500 veces, joven aún no sabe hablar portugués

Cuando la señora Yolanda Rosas le compró de regalo de cumpleaños a su hija Alejandra el CD de Michel Telo, jamás sospechó que estaría llevando el infierno a su propia casa. Y es que luego de escuchar la referida canción por 1500 veces durante la última semana, Alejandra comenzó a creer que hablaba portugués fluido, lo que prácticamente ha vuelto locos a sus familiares.

Enviamos a nuestro pasante subpagado a la casa de los Rosas para poder obtener una visión en exclusiva de este extraño suceso. “Alejandra ahora se la pasa todo el día completo hablando en portugués. Bueno, dice ella que eso que habla es portugués; en realidad se parece a Lázaro Candal narrando un juego” afirmó la señora Yolanda, visiblemente preocupada, con ojeras en su rostro que sugerían falta de sueño. “Ale entra a la cocina y dice ‘Oi Viejiña, pásame un juyo di naranya, por favore’ y me da una nalgada, diciendo ‘Ai, si eu chi pegu’. Dígame usted, por favor. ¿Qué es eso? Eso no está bien. Eso no puede estar bien. Cuando se reúne con sus amigas en la casa es lo mismo ‘Caroliña pasameinño la copa du vino’ Es que lo que me provoca es arrancarle la cabeza a cachetadas. Y lo peor es que eso me pasa a mí por burra, porque en vez de comprarle, como todos los años, una blusita, tengo que salir a comprarle el bendito disco. Y peor, llego a decirle al pana de los quemaítos ‘epa, Germán, recomiéndame algo ahí como para una muchacha de 29 que todavía vive en la casa’ ¡Burra! ¡Bestia! ¡Bien merecido lo tengo!” confesó la señora Yolanda, mientras se recostaba del hombro de nuestro pasante y lloraba por 40 minutos.

La empatía que logró nuestro pasante con la señora Yolanda bien hubiera podido desembocar en una invitación a almorzar gratis; sin embargo, la emotiva escena se interrumpió cuando pasó Alejandra y le dio dos besos y un abrazo al pasante. “¡Nossa! ¡Así que vocé es el famosiño pasantiño du Chiguire! ¿Tú como que querías agarrarchi a Mami? Pues não, ¡vaya a comprar café, carayo! ¡Zape pasantiño! ¡Vaya a jalare boliñas! ¡Fora du aquí!” De más está decir que nuestro pasante voló de la residencia de los Rosas, con más hambre que de costumbre, pero con una buena historia para contar.

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