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Venezolanos celebran día del padre pidiéndole más cosas a Estado paternalista

El tercer domingo de junio se celebra, en muchos lugares del planeta, el día del Padre. Nosotros los venezolanos no quisimos dejar pasar la ocasión para desearle un feliz día a Papá Estado, dándole una tarjetita en forma de pipa hecha con nuestras propias manos, decorada con pelotitas arrugadas de papel lustrillo. Un pequeño gesto para poder seguir pidiéndole casas, empleos, dineros, becas, puestos y todas esas cosas con la que lo agobiamos día tras día.

Pudimos conversar con el avejentado Estado paternalista venezolano, quien no cabía en sí de orgullo por esta celebración. “Esta mañana los 30 millones de venezolanos me saltaron en la cama, y me despertaron con un sonoro beso ensalivado, con algún que otro moquito. De inmediato, me trajeron un suculento desayuno a la cama: arepas con la concha quemada pero crudas por dentro, un huevo revuelto demasiado seco para mi gusto, un jugo de naranja y un café con leche frío; sin embargo, todo me lo comí con el mayor de los gustos, pues para mí esto era el mejor desayuno posible, hecho con cariño. Después me cerraron los ojos y, entre todos, me trajeron la tarjeta a la cama: una pipa hecha con escarcha y coditos de pasta, que dice FELIZ DÍA PAPÁ y que tiene un humito hecho de peloticas de papel lustrillo y papel cebolla, una cosa espectacular. Después de eso me prendieron la tele, y cuando les dije que estaba cómodo, feliz y tranquilo, comenzaron con la cantaleta: que si súbeme la mesada, que si dame acá mi casa, que si el petróleo es de todos, que si dame mi parte, que si ponme a trabajar donde haiga, que si le consiga un cupo en un hospital para que le vean el tuyuyo… lo mismo de todos los días, pues” reconoció Papá Estado, con una lagrimita de emoción en la cara. “Sin embargo, yo trato de darle todo, porque me gusta sentir que me necesitan, que no pueden vivir sin mi” afirmó el Estado paternalista, mientras castigaba a dos compatriotas venezolanos que se peleaban por mecerle el chinchorro.

También tuvimos la oportunidad de entrevistar a algunos de los 30 millones de venezolanos presentes, que luchaban por llamar la atención al Papá Estado para que atendiera a sus necesidades. “Sí, la tarjetica quedó chimbosa, pero coño, el gesto es lo que cuenta, ¿no? Se supone que los padres son los que dan los regalos finos, no los hijos; los hijos estamos siempre mamando, haciendo rendir la quincena. Además, que no se me queje mucho, porque quizás si me hubiera dado mi casa, que tengo ya 7 años en la lista del ministerio, o si me hubiera dado mi chambita en la Gobernación, a lo mejor tendría la platica para comprarle un regalo mejor, alguna corbata o un pañuelo o algo así. ¡Dame mi casa, carajo, que ya estoy harto de esperar! ¡No seas mal padre, mira que si no, te denuncio con la LOPNA. No me dejes morir, papá” afirmó Vicente Padrón, uno de los compatriotas presentes, segundos antes de entregarle un portarretrato hecho con macarrones al Estado.

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