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Consumidores esperan que carros japoneses lleguen arrastrados a las costas venezolanas

La presencia de varios grupos de venezolanos en las playas a todo lo largo del país llamó hoy la atención del Gobierno Nacional, que de inmediato pudo constatar que se trata de personas que se encuentran esperando a ver si la corriente les trae “por casualidad” algún carro japonés flotando.

Enviamos a nuestro pasante subpagado a investigar y a conversar con los involucrados. “Yo di la inicial hace 11 meses para un Aveo, y desde entonces ando esperando. Estoy desesperada, ya no aguanto más la recostadera de tostón en el Metro” dijo Soraya Rojas, secretaria de un bufete de abogados, apostada en una playa de Lechería desde hace 36 horas. “Por eso me vine para acá. ¿Por acá es que llegarían, no? ¿Por aquí no es que desemboca el canal de Panamá? Digo, para estar pendientes”.

En una playa del estado Falcón acampa desde hace 24 horas Yolanda Ruiz con su familia. “Mira mijito: yo tengo un Corollita que compré hace 3 años: me costó un ojo de la cara. Lo compré usaíto, sí, pero me había salío bueno, el condenao. Hasta que caí en un hueco, y zás, ¿qué pasó? El maldito carro varado, desde hace 7 meses, porque dizque no se consiguen los repuestos. He llamao a concesionarios, tiendas de repuestos y chiveras en todo el país y nada, tienen más de un año sin el bendito tripoide en existencia. Así que me vine, como úrtimo recurso: aquí me traje el juego de llaves y los raches, si veo un Corolla lo desarmo. ¡Ricardito, mijo, échate pa’ acá, que por ahí puede venir er sunami!” afirmó la señora Ruiz, mientras hacía un sancocho en una lata de aceite.

FOTO: Carros japoneses apilados por el tsunami

Fuentes del gobierno nacional no saben si dispersar a estos grupos con gases lacrimógenos o dejarlos allí, a la espera de un milagro. “Sí, nos da cosita esa gente, ¡pobres ingenuos!” afirmó un vocero del ministerio del Interior y Justicia, que pidió mantener su nombre en el anonimato. “Pero quién quita, si algunos de estos carros llega hasta acá flotando, arrastrado por la corriente, significaría un alivio para el presupuesto nacional. Son dólares menos, que podríamos gastar en otras cosas, como hospitales y casas en Cuba”.

Una funcionaria de la Cancillería asintió, y reconoció que su despacho estaría en conversaciones con organismos internacionales de ayuda para ver si podían desviar alguna de la ayuda a Venezuela. “Toallas sanitarias, pañales, comida no perecedera, ¡todo eso nos caería de un bien! En tragedias como éstas muchas veces terminan sobrando cosas, ¡lo sabemos por experiencias propias! Así que ya saben, échennos una manito a nosotros también. El gobierno es muy orgulloso para pedir esto públicamente, pero cosas así nos hacen falta” afirmó la funcionaria, mientras le pagaba 100 a una de las personas presentes en la playa para que echara un ojo a ver si veía un Honda Accord.

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