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Gobierno contrata al Sr. Barriga para desalojar a invasores

El Gobierno Nacional confirmó el día de hoy la contratación del reconocido señor Señor Barriga, arrendador de la vecindad del Chavo del 8, para que se encargue de desalojar a los invasores de distintas edificaciones de la capital.

“Quiero dar las gracias al Gobierno venezolano por este nuevo trabajo. La verdad ya me estaba haciendo falta sentirme útil de nuevo, agradezco enormemente la oportunidad. Me ayudaron con la mudanza, ahí me mandaron una platica para el pasaje, para el apartamento. Incluso me traje al Ñoño, y ya se está adaptando a su nuevo colegio, lo noto deprimido y aterrado, pero imagino que será por el cambio de país, es muy difícil adaptarse a una nueva alimentación, a nuevos amigos, una nueva realidad” comentó un jovial Señor Barriga, mientras metía en su maletín la Gaceta Oficial, la Ley de Arrendamientos de la República Bolivariana de Venezuela y dos tortas de jamón. “No veo la hora de comenzar: mi debut va a ser en un edificio en la Avenida Solano de Sabana Grande”.

Quisimos conocer la opinión de los invasores de la edificación, y a juzgar por la lavadora vieja que nos lanzaron por el balcón, no recibieron la llegada del Señor Barriga con mucha alegría. Esto no parece hacer mella en el amable y comprensivo arrendador: “Dales un tiempo y me van a querer, ya vas a ver. ¡Si hasta Don Ramón me tenía cariño, aunque diga lo contrario! por lo que he podido ver, son buena gente; ayer conocí a uno de ellos, un escuincle que se llama Wisnaikel. La gente me dice que vende piedra, jeje, los niños son tan inocentes a esa edad, ¿verdad? ¿Quién querría comprar unas rocas? ¡Hay que dejarlo tranquilo, que de rienda suelta a su imaginación!” declaró el Señor Barriga, mientras animaba al Ñoño a que jugara con los niños de la invasión.

Ni siquiera ver al Ñoño en medio de un fuego cruzado entre bandas que se disputan el control de la venta de drogas de la zona logró borrar la sonrisa al señor Barriga. “Bueno, le dieron un tiro, pero yo eso lo vengo diciendo desde hace años, con esa barrigota lo difícil sería que lo pelaran”.

Mientras lo introducían en una ambulancia, el Ñoño logró distinguir a uno de los delincuentes que accionó el arma de fuego contra su humanidad, un menor de la invasión conocido como “Sudaonalga”. Al grito de “Míralo a él, míralo a él” se cerró la puerta de la ambulancia que lo ruletearía por cuatro hospitales, de los cuales sería rebotado por no tener sangre ni vendas para atenderlo. “Jajaja, ¡el Ñoño y sus cosas! ¡Bendita sea su inocencia!” comentó el señor Barriga, mientras tocaba el timbre del edificio invadido.

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