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Desesperación por conseguir carne causa que personas intenten cazar a chama con leggings de animal print

Los nuevos precios de la carne no compensan la estructura de costos que existe en el sector ganadero, lo cual ha causado la desaparición del mencionado producto de los distintos mercados. Esto a su vez ha generado que los venezolanos, desesperados por ingerir la proteína de origen animal, estén cometiendo actos casi barbáricos como lo ocurrido con la joven Alejandra Moncayo, quien fue atacada hoy en un estacionamiento de Caracas por una turba de personas que intentaban cazarla porque, gracias a su legging de animal print, parecía una cebra.

“Todo el mundo me dijo que me quedaban horribles, pero yo insistí”

–Alejandra Moncayo

Afortunadamente la propia protagonista de la historia, Alejandra Moncayo, fue quien nos contó lo ocurrido. Eso sí, antes le pedimos que se cambiara porque nosotros, a pesar de ser chigüires, no somos herbívoros. “Chamo, qué loco todo. Yo estaba caminando para buscar mi carro cuando empecé a oír unas pisadas fuertes, unos rugidos, una cosa, una algarabía y en eso mira pa’ atrás y había un montón de gente que venía corriendo hacia mí dispuestos a comerme ¡Qué sensación tan horrible! Es que iba a morir, yo hasta pensé: ‘Aquí fue, y por gafa, porque todo el mundo me dijo que me quedaban horribles, pero yo insistí’. Menos mal yo he visto algo de esos canales de Discovery y corrí en zig zag para agotar a los depredadores y escaparme”, afirmó Alejandra mientras nos preguntaba si creíamos que sería peligroso usar su otro legging de piel de pollo de Arturo’s. A lo que le contestamos que sí, porque el pollo, al igual que los otros productos regulados, no se consigue.

Por otra parte, Gilberto Ordaz, uno de los atacantes de Alejandra, habló para pedir disculpa. “De verdad, se me cae la cara de vergüenza, ¡perdón! Es que salí de la carnicería arrecho porque otra vez, como en 15 carnicerías antes, me dijeron que no había carne. Ahí fue que me puse todo loco, como primitivo. Y como yo, había un gentío. Así que en lo que vimos a la señorita la confundimos con una presa y fuimos a cazarla. Igual si ella sabe que pueden confundirla –por su peso, digo– no debería usar esa ropa”, sentenció Gilberto para justificar sus acciones.

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