El precario casco modelo Sandoval ha vuelto a demostrar su peculiar eficacia, salvando la economía de un motorizado velocista. En esta ocasión, el afortunado beneficiario es el caraqueño Gabriel Sandoval, quien, gracias al anticuado artefacto, no sobrevivió un choque, se convirtió en compota de mototaxi y ahora está libre de las penurias económicas de pagar una clínica.