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Señor que sella la factura a la salida del automercado simula que su trabajo importa

Edgardo Urbina, vigilante y sellador de facturas del Unicasa del Unicentro El Marqués, refutó de plano los rumores de un grupo de clientas del citado local, que habrían tildado su trabajo de “superfluo” e “innecesario”. Al contrario, Urbina afirmó hoy con orgullo ser parte vital del esquema empresarial de Unicasa. “Mira, si yo no te chequeo eso, se arma un rollo. ¡No, imagínate! ¡Saldrías como si nada, podrías entrar de nuevo, agarrar los mismos productos del anaquel, meterlos en bolsas, pasar por la caja y salir de nuevo! ¡Los mismos productos, las mismas bolsas, todo, imagínate tu ese peo!” comentó Edgardo mientras le daba un lepe a un bolsero.

Desde sus mismos orígenes, el trabajo de vigilante ha sido subestimado. Se les acusa de flojos, sádicos, borrachos, piropeadores de conserjes y señoras de limpieza e inútiles. Urbina, profesional de la seguridad privada desde hace ya más de dos meses, aseguró que todo esto es falso, es parte de una campaña mediática de descrédito para con sus colegas. “Mira chico… el trabajo de vigilante es duro, mi pana. Todo el mundo se quiere sentar en las escaleras y en los muritos de la jardinera y eso no es así, mi pana. Si tu ves a alguien sentado allí, en el murito ¿le dices algo? ¿Ves? ¡No le dices nada! Yo en cambio sí, me le acerco y le digo: disculpe, ciudadano, bájese de ahí, tenga la amabilidad. Circule, no puede estar aquí. No es por mi, ni siquiera es por la empresa. Es un asunto de valores, mi pana. Alguien tiene que hacer valer los respetos”, declaró Urbina mientras le regalaba un Toronto a Carmen, la cajera de la caja #6.

Antes de despedirse, hizo un llamado a sus colegas, para dar el 100% en su labor y de esta manera lavar la cara de la profesión ante la colectividad: “Lo digo con vergüenza, chico. Yo conozco colegas que te piden la cédula en una garita y no anotan nada en el cuaderno de reportes, o si acaso no anotan los datos completos. A otros hay que tocarle la corneta cuatro, cinco veces, porque se quedan dormidos. ¿Qué es eso, ah? Hay que querer un poco este uniforme, esta chapa no puede llevarla cualquiera” dijo al despedirse, mientras se excusaba para ir a buscar los carritos que estaban sueltos en el estacionamiento.

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