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Señor deja a toda su familia en casa para que malandros crean que la casa no quedó sola

Si hay una palabra que defina al señor Álvaro Millán es “precavido”. Tiene 2 teléfonos y 3 carteras. No cuenta dinero en público. No cae en emails de spam. Ve 100 veces por minuto por los retrovisores. Ese mismo carácter previsivo es el que hizo que esta Semana Santa, antes de partir de vacaciones, el señor Millán dejara a toda su familia en casa, para que los malandros no creyeran que estaba sola.

Mientras estaba en una cola esperando para echar gasolina —a nuestro carro, obviamente—, nuestro pasante subpagado alcanzó a escuchar el monólogo que el señor Millán venía dando en su carro vacío: “¡Ja! A Álvaro Millán no lo ha jodido nunca nadie, no ha nacido el malandro que me joda a mi. Por eso dejé a la familia en casa, para que ningún choro viniera a enamorarse de la casa mía. Todos los años dejaba prendida la luz del porche, de la escalera, un televisor y un CD con unos ladridos de perro en loop; pero con los apagones de este año no se puede uno confiar, además que se me quemó el televisor. Así que me dejé de vainas y dejé a la señora y a los carajitos allá, a mi mamá y a mi hermano y mi cuñada y me vine a pasar unos días en paz a La Guaira. ¡Estoy seguro que cualquier delincuente se lo va a pensar mil veces antes de venir a robarme, carajo!” dijo el señor Millán, mientras sacaba de la guantera el reloj barato “porsia”.

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