Raúl y Benedicto XVI comparten un Partagás y un roncito en un balcón del Palacio de la Revolución. Aprovechan un descuido del traductor para compartir una conversación a bajo volumen, en un idioma que se creía desaparecido hace siglos, como ellos, y que sólo ellos saben hablar. Continúa leyendo »









