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Papelera de baño envidiosa de papelera de oficina

Ramoncito, una humilde y sufrida papelera de baño, resucitó una antigua rencilla de familia, cuando ayer emitió una serie de fuertes opiniones y señalamientos hacia a su primo Fredick, papelera del despacho de un importante ejecutivo.

“Fredick me tiene la piedra afuera, y tu sabes como me pongo yo cuando me dejan algo por fuera. Coño, el mojoneado ese siempre viene a las reuniones familiares a echárselas, para de hablar de todos los presupuestos que le echan, de la cantidad de millones que ve pasar. Se pone impertinentísimo, especialmente si lo está viendo Carmela. Bueno, sí, él dice que “carne de prima se come”, y la verdad que Carmela está como chévere, es una papelerita de jardín bien rica. Ajá, si, disculpa. Es que si la vieras…” comentó Ramoncito mientras abría la boca, lo que fue aprovechado por su dueña para lanzarle un pedacito de hilo dental usado.

Ramoncito soportó en silencio la humillación y continuó: “Si, pana, es insoportable. El otro día estuvo pegado con un temita, que si vinieron unos cubanos a cuadrar un guiso y que no se cansaron de lanzarle colitas de Cohibas y Montecristos, o si no tapitas de botellas de 21 años. Te lo juro, yo creo que ese pana nos mojonea también, durísimo; el otro día llegó incluso a inventar que dizque le habían echado una tarjeta de presentación de Cisneros. ¿Dime tu si no da arrechera? ¡Como si la gente se la pasara botando tarjetas así porque si, qué ladilla, pana!” comentó molesto Ramoncito mientras descargaban un pañal usado en su interior.

Por su parte, Fredick alega ser víctima de la envidia. “¡Bestia, qué mala vibra la de mi primo, brother! Yo lo que tengo me lo he sudado, yo estudié y comencé de abajo, y te digo, me comí las verdes un buen tiempo. Pura colilla de cigarro del portero. Pero bueno, ahí le fui dando, con paciencia y contactos, y aquí me ves. De la vigilancia salté de una a un buen puesto, como papelera del coordinador; pero lo agarraron en un chanchullo y le pidieron la renuncia. Ahí sí quedé solo, me las vi negras. Justo cuando pensaba que estaba listo, cuando pensaba en la triste ironía que es para una papelera terminar en la basura, la muchacha de servicio me colocó en la oficina del Ministro, ¿sabes?” Fredick abrió su tapa para recibir un contrato de muchos ceros recién arrugado, y continuó: “Mi sueño hecho realidad: que me pusieran donde es. Ahí mismito supe que era mi oportunidad. Yo sé toda la paja que Ramoncito dice de mí, pero no puedo hacer más nada, las cosas que cuento son verdad.”

“El otro día me cayó un presupuesto para la compra de una flotilla de camiones; no es cualquier cosa, amigo, no es cualquier cosa. No es culpa mía que él no haya aspirado nunca a ser algo más que esa piche papelera de baño. Coño, si hubiera hecho como Juliancito, que era una papelera de patio más, la que usaban como tercera base en los juegos de pelotica de goma, y un día le dio por echar pa’lante y ya es papelera de seccional. Así es que se progresa, mi hermano; no envidiando y envidiando. Ramoncito cree que uno no pasa roncha, y qué va, mira, asómate” sentenció Fredick, mientras nos mostraba molesto una lata de Coca-Cola Light que le habían arrojado la noche anterior.

Fuentes familiares confirman que independientemente de que Fredick si sea en efecto un poco echón, la rivalidad nace por puro resentimiento de Ramoncito. Su mamá Efigenia, papelera en una clínica de Chacao, nos confesó: “La cosa es que Ramoncito ha sufrido. Él era papelera en una tasca de la Candelaria, y todos los días me llegaba, llorando, diciéndome “Mami, no sabes lo que son los tipos que ven el fútbol ahí, mamá. Me mearon, vieja, me mearon”; era lo único que se le oía. Tenías que verlo, enjugándose sus ojitos con varios Q-tips usados. Y Fredick bueno, sí, trabaja bastante, y tiene ambición, pero siempre llegaba con sus cuentos, a toda hora. En la cara se le veía a Ramoncito la bronca” dijo Efigenia, mientras recibía su limpieza diaria.

En todo este conflicto surge siempre un mediador, en este caso la responsabilidad ha reposado en la tapa de Don Marcelo, abuelo de los conflictivos primos, “estos dos pendejos andan con esa peleadera en vez de ponerse a trabajar, siempre insultándose, son familia carajo, yo llegue en un barco y trabaje toda mi juventud como papelera pública en la Av. Solano, eso si es arrecho no joda, saque a esta familia desde abajo, al final todo lo que uno tiene es la familia” declaró histérico el anciano trabajador mientras nos mostraba una calcomanía de la primera campaña de Ledezma que todavía tenia pegada en su pecho.

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