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Villa del Cine prepara adaptación de “Incertion, sueño mortal”

Miguel Angel Landa lidera un equipo integrado por él, Daniel Alvarado, Pedro Lander, el Cacique y Gledys Ibarra que es una verduga diseñando mundos virtuales mientras atiende a adolescentes en un cybercafé. Su misión es ingresar en la mente de Amparo, una puta de El Guarataro, para sembrarle la idea que fue ella la que echó paja a unos narcotraficantes, y de esta manera tener una coartada que les permita salvar el pellejo de una redada que terminó burda de mal, con unos narcos muertos y unas bolsas de perico desaparecidas en Caricuao.

Primero deben conseguir entrar en los sueños de la tipa; por lo que deben conseguir una noche lo suficientemente larga para dormirla. Se van con la tipa en un Expresos Camargüi, que sale de La Bandera a Ciudad Bolívar. Le dan un coctel de anís con frigurt y burundanga. Se acuestan a dormir con la tipa. El primer sueño es en un sancocho en la platabanda de un rancho: empiezan a cotorrear a la jeva, tratando de meterle la mentecita, pero se dan cuenta que la jeva tiene unos sicarios parados en la escalera, frente a la puerta del rancho, con unas 9 milímetros peine pa’fuera, que están entrenados en no comer coba de nadie, ni siquiera en los sueños. La cagada es que si se mueren en el sueño, se echa a perder el proyecto, así que por eso deciden meterle un pelo más de burundanga a la jeva, y se van a otro nivel más profundo de sueño.

Están ahora en una matiné pro-graduación en Chacaíto. Miguel Angel Landa comienza a bailar reggaetón con Amparo. La jeva le pelotea. Miguel Angel la abraza por detrás y se la miamorcea. Justo cuando le va a susurrar en la oreja la frase, en la discoteca se acaba el ron, por lo que se desata un tiroteo. Más burundanga, y un nuevo nivel de sueño.

Ahora están en afuera de una oficina pública. Son las 3 de la mañana. Ya repartieron los 100 números que iban a dar, pero igual hay una cola bestial. La vaina es que la gente está flotando en la acera. Nadie sabe muy bien porqué, pero aquí el Cacique termina echándose coñazos por el techo de un kiosko y de una parada de autobús con uno de los sicarios que está disfrazado de Miranda, nadie sabe muy bien por qué. De repente aparece Yuleisi, la esposa de Miguel Angel Landa, que nadie sabe si está muerta o está viva, pero se le aparece siempre para reclamarle que le dé plata para comprarle “comía” y los útiles escolares a unos carajitos que deben ser burda de feos, porque siempre salen de espalda.

Cuando ya el Cacique tiene dominado al sicario, el Camargüí cae en un hueco, lo que genera una sensación de vacío que los sacará a todos del sueño -y del peo en el que están metidos-. Tienen apenas 60 segundos, el tiempo que tarda el autobús en reponerse del coñazo, para poder implantarle de una vez por todas la idea a Amparo. Por eso deciden jugarse el todo por el todo y se meten en un nivel más profundo de sueño, con una guarapa con campanita que compraron en Choroní. Llegan a una de las experiencias más bizarras y oníricas que pueden haber: la grada de un juego Caracas-Magallanes en el noveno inning, con “gente” enfrascada en una guerra de vasos de cerveza. Deben atravesar toda la grada y convencer a Amparo, que está haciéndole una coreografía a los Caramelos de Cianuro en la barra Pepsi, que fue ella la que sapeó a los narcos. Apenas la distinguen en medio del bululú, le meten por fin la idea en la cabeza, justo cuando el autobús cae del otro lado del hueco.

Al final vemos a Miguel Angel Landa entrando a un jardín donde vemos a los carajitos, que se voltean y son igualitos a Daniel Alvarado. Miguel Angel Landa se arrecha, le mete unos tiros a Yuleisi y a Daniel Alvarado para que sean serios, le siembra al cadáver una de las bolsas de perico que se habían perdido, le echa una llamada anónima a los narcos y se va a sembrarle ideas locas en los sueños a Pedro Carreño.

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