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Gobierno toma control del sencillo que dejó Mezerhane en cenicero del carro

En su cadena de ayer, en vivo desde el Teresa Carreño, el Presidente Hugo Chávez se preguntó a sí mismo si estaba bien quedarse con 5 BsF que dejó Nelson Mezerhane en sencillo en el cenicero de su carro.

“¡Claro que va a estar bien! ¡Todavía tengo yo las bolas de preguntar si está mal quitar eso! Claro, ricachón podrido, seguro dice que lo tenía ahí para pagar un estacionamiento, mentira; yo creo que estaba acaparando bolívares para hacer tambalear el sistema bancario” afirmó el Presidente Chávez, mientras corregía unos exámenes de matemática de la segunda promoción de cajeros de las areperas socialistas.

El Presidente negó que estas recientes acciones sean parte de una persecución en contra de Mezerhane o su empresa más conocida, Globovisión. “No vale, nada que ver. Es todo una casualidad, aquí a todos los banqueros los evaluamos por igual. Si no pregúntenle a Escotet, ¡dígalo ahí, Escotet! ¿A ti te han perseguido? ¿No, verdad?” dijo, mientras el referido banquero se soplaba las manos, rojas de tanto aplaudir.

Extraoficialmente se supo que el Gobierno ha recuperado los siguientes bienes, pertenecientes a Nelson Mezerhane:
– Un banco.
– Todo lo que estaba dentro del banco.
– 420 apartamentos.
– Todo lo que estaba dentro de los 420 apartamentos.
– Dos quintas.
– Todo lo que estaba dentro de las 2 quintas.
– Una flotilla de carros.
– Todo lo que estaba dentro de los carros.
– Yates.
– Una media negra que no tenía pareja, que estaba en el fondo de una gaveta.
– Un diente de ajo que estaba dentro de una nevera.
– Una tarjeta de Feliz día del Padre en forma de pipa que le regaló algún hijo hace 35 años.
– Un cepillo de dientes viejo que se usaba para limpiar las uniones de las baldosas en el baño.

Asimismo se supo que la Fiscalía introdujo una petición al TSJ para pedir que todo el dinero y bienes que produzca la familia Mezerhane y sus allegados, vecinos, amigos o conocidos en las próximas 50 generaciones pase a ser propiedad del gobierno.

Al final de su alocución, mientras regañaba a un estudiante que no supo decir a pepa de ojo cuánto eran dos reinas pepeadas y un cuartico de leche, el presidente admitió, quizás traicionado por su subconsciente: “Pobre Mezerhane, le hemos quitado tantas cosas que ya me da hasta pena decirle ricachón”.

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