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Conserjes se pronuncian: “El tipo del 6-C tiene algo con la esposa del 8-B”

El grupo de Conserjes Unidos Por Venezuela (CONUPORV) reveló hoy lo que muchos sospechaban: “Cuando el señor del 8-B sale, el chamo del 6-C sube sospechosamente y eso es rá-rá-rá todo el día”. Y esto es apenas la punta del iceberg: en un comunicado que leyeron hoy a la prensa, afirmaron que reivindicarán su lucha revelando una gran cantidad de secretos.

“No señor. Es hora de que las paredes hablen”. En palabras de la señora Ligia Vargas, vocera de CONUPORV, conserje chismosa y admiradora de Vicente Fernández, ni ella ni sus colegas permanecerán callados: “El maltrato llegó hasta aquí y nuestra respuesta será contundente, revelaremos todos los detalles de las vidas de los que habitan en los edificios del país. Por ejemplo, el señor Ruiz, el doctor del 4-B, tan correcto y tan estiradote, siempre llega con los pies encharcados y así una esté partiéndose el lomo coleteando, es incapaz de limpiarse los pies en la alfombrita. ¿Ah sí, así es la vaina? Pues lo digo para que se sepa: Gustavito, su hijo, se está metiendo la droga pareja, porque anda siempre con unos amigos rarísimos y con cara de apendejado… pa’ mi que son drogaditos y malvivientes” comentó Ligia mientras regaba las matas y hurgaba entre las gavetas de la señora Villegas, que aún permanece de viaje.

Recordemos que en días anteriores, el Presidente de la República hizo un llamado a los conserjes a rebelarse: “Esos son trabajadores que han vivido en situación prácticamente de esclavitud. Algunos tienen contratos en que no los dejan ni embarazarse, ni siquiera hacer pupú en las conserjerías. ¿Para qué les ponen pocetas entonces, ah? Pues yo hago un llamado, anota ahí, Jaua: a que los conserjes se organicen, se movilicen, hagan escuchar su voz”. Y el consejo presidencial no cayó en oídos vacíos. La señora Zoraida, conserje del edificio “San Judas Tadeo”, afirmó que no se la calaba más. “Cuando vienen a pedir favores, ahí si vienen mansitos. Que si Zoraidita, préstame la manguera que voy a lavar el carro, o si no Zoraidita le voy a dejar aquí un paquete que va a venir a buscar un señor gordito con acento colombiano, ya sabe, mosca, muchas gracias. Pero una no puede hacer una fiestica y meter aquí a mis 14 hermanos con sus carajitos y sus arrejuntes a bailar hasta las 6 de la mañana porque entonces si chillan, que si qué bolas Zoraida, qué abuso. No me la calo más. Aquí se va a saber todo” afirmó Zoraida, visiblemente molesta, mientras le picaba un ojo al guachimán. “Mire mijo: aquí una barre y consigue de todo. Condones usados. Botellas. Jeringas. Hasta revistas con mujeres desnudas. Y eso son los del 14-A, sépalo señora Mireya. Sí, sus angelitos. ¿Cómo no van a salir así si su marido es un perro?”

La señora Ligineidis, conserje del edificio contiguo, confirmó los rumores de Zoraida. “Mire mijo, en mi edificio esos desgraciados se trancan en los ascensores a hacer cebo. O si no, le dan al botoncito rojo, el que dice Stoc o algo así, y abren la puerta del ascensor entre los pisos: en las paredes han abierto huecos donde esconden de todo. Mire mijo: usted no quiere saber lo que yo he visto en este edificio. Droga, sexo, armas, caña. Pura gente dañada y pervertida. Tan correctos que se las tiran” dijo Ligineidis, mientras trataba de recordar el nombre de su cuarto hijo: “Se llama igual que el papá… ¿cómo es que era?”

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